Lago de Revine en la soledad del invierno. Enero cuesta arriba. Hojas durmientes del subsuelo sueñan bandadas de pájaros. Flechas aladas atraviesan el aire azul mañanero, frío,
transparente. Nubes blancas
sobre las laderas del valle, fulares de
algodón de azúcar
Las pedaleras de colores muertas de aburrimiento sobre la
grava esperan el carnaval
mientras los troncos de los árboles parlantes nos dejan pensamientos
Y
yo me acuerdo de aquel día nevado de enero cuando tú nacías
el kaki mira el jardín con sus hojas de alfombra esperando que los pájaros se coman sus últimos frutos
Tanto tiempo sin
abrir mi lareira, casi casi ni me enciende el fuego...
Los gnomos y duendes andan acaparando alimentos del
bosque para pasar el invierno y me fueron de ayuda. Piñas, trozos de madera lo han hecho posible... El
otoño llegó ayer de pronto con sus lluvias y nieblas frías y ya está para irse... Muchas sensaciones dispares...
Recuerdo vivamente el amanecer de hace dos días mientras acudía al trabajo cómo se veían los campos cubiertos de escarcha, parecía
que humeaban... y al fondo los Alpes nevados como una corona. Nubes rosadas y grises dejaban una atmósfera
fantasmagórica de gran belleza. Lástima no haber fotografiado la escena. La
canción con que me había despertado la radio era La vie
en rose... increíble... por amaneceres asì, bien vale la pena madrugar.
Cuando anochece
tan pronto y fuera de la ventana el tiempo no invita a salir me relaja hacer
galletas. Últimamente un día a la semana experimento una receta diferente de estos dulces que dejan toda la casa impregnada de cálidos aromas, para compensar la destemplanza exterior... Y es que
para mí noviembre es un mes dulce pero muy veloz
qué pájaro será
el que en mi kaki anida...
Estos días, estuvimos recogiendo los últimos kakis del árbol, el resto los dejamos para los gorriones y otros pajarillos que se lo pasan pipa picoteándolos en las ramas más altas.
Y entonces me he puesto a experimentar con unas galletas que están deliciosas, tienen el sabor del bosque en otoño. La cocina perfuma de su corazón de manzanas y kaki. La masa que
llevan es quebrada, muy facilita de hacer, aunque reconozco que no se me da muy
bien extenderla. Pero tratándose de pastas rústicas no importa que no queden
perfectas de forma... se acompañan muy bien con una taza de té o con cappuccino
Galletas corazón de manzana y kaki
Ingredientes para 6
personas:
250 gr. harina para repostería con levadura
incorporada (si no tienes, agrega a la harina una cucharadita de levadura)
100 gr. azúcar
125 mantequilla fría
1 huevo
Una cucharadilla de vainillina
Una pizca de sal
Relleno
2 manzanas medianas (o una manzana grande y un kaki como
he hecho yo)
2 cucharadas de azúcar moreno
( si usas solo manzana pon también dos cucharadas
de mermelada de albaricoque)
1 cucharadita de canela en polvo
Manos a la obra...
Comenzamos
haciendo la masa quebrada. Mezclamos en un contenedor amplio la harina tamizada
con la levadura, el azúcar, la vainilla, la sal y luego el huevo batido ligeramente,
por último la mantequilla cortada en pedacitos. Amasamos rápidamente con las
manos hasta formar un panecillo liso y compacto. Lo envolvemos en papel film y
lo dejamos reposar en la nevera.
Mientras, pelamos
las manzanas ( yo, una manzana y un kaki grande), cortamos en trocitos las frutas y
las ponemos a cocer con el azúcar moreno, la mermelada ( yo no,
porque utilicé un kaki grande y muy dulce), la canela y dos cucharadas de
agua. Cocinamos hasta que se consuman los líquidos y queda una compota (unos 15
min.) Dejamos enfriarla en un plato.
Encendemos el
horno a 180°C.
Cortamos el panecillo de masa quebrada por la mitad y extendemos
cada parte en un disco fino de medio centímetro de espesor. Con una cucharilla
vamos depositando montoncitos de compota de modo que quede cubierto pero
dejando espacio alrededor.
Colocamos el segundo disco que cubra el primero y
con los dedos sellamos los montoncitos. Con un pociillo de café o un
cortapastas vamos recortando las galletas. La masa que sobra se vuelve a usar
para hacer otras galletas hasta terminar todo el relleno y la masa. Le hacemos
unos cortes en superficie para darles un aspecto aún más rústico. Como podéis ver yo no las hice redondas, sino como venìan...
Por último
horneamos a 180°C en horno precalentado durante unos 15 minutos. Se nota que
están listas por el tono ligeramente dorado pero sobre todo por el intenso
perfume que emanan...
me han quedado no muy vistosas pero sì muy rústicas...
las presento con una nevada de azúcar impalpable y a desayunar o merendar, son una delicia pero no recomendables para quien esté a dieta...
Ñam ñam, con vino dulce, chocolate caliente, café o té
“Solo en el campo abierto se respira
a placer el espíritu, y como el espíritu irás donde quieras y ya no habrá nada
más: recorrerás los mares, la tierra abrasada por el sol, saldrás al mundo: es decir, te volverás piadoso porque la tarea del espíritu es errar, recorrer los campos. Si todos lo hicieran se llenarían los pulmones de espíritu, puesto que el espíritu ha revestido la tierra con un único ropaje”
Andréi Biely, La paloma deplata
Cuando comienza
el verano uno piensa que hay mucho tiempo por delante, las vacaciones, viajes, encuentros, reencuentros ...
luego llega septiembre demasiado pronto, despedidas, la luz del día disminuyendo, tal vez hay nuevos proyectos, otras inquietudes, ilusiones ,
incertidumbres...el nuevo curso que inicia, es así año tras año...
... de
vuelta a casa se encuentra el jardín bastante desolado, las flores mustias y hay que
darle un nuevo color a la vida, recomenzar con esfuerzo... Las tormentas son
el signo del final de verano. Los cielos rotos tienen
una belleza única aunque siempre son temibles y no digamos donde se desatan
los ciclones más feroces como en el Caribe...
Venecia justo antes de estallar la tormenta
desde mi móvil
Recuerdos de los días pasados hay muchos, visitas,
conversaciones, largos paseos, mar y bosque, historias escuchadas y otras leídas...todo queda ahí dentro, en
la memoria de cada verano.
Iniciar septiembre con frutas de la temporada resulta estupendo en un dulce bizcocho, "banana bread", que os propongo y recomiendo. La receta la copié de la revista "Ci piace cucinare" pero en vez de higos que no tenía puse ciruelas azules . Su
sabor evoca en mi imaginación el dulce que Caperucita llevaba en el cesto a
su abuelita, es delicioso.
Y yo lo dedico a todas las abuelas en especial a mi madre y a Nonna Rosetta
que según pasan los años se vuelven cada vez más niñas.
BANANA BREAD con
ciruelas y miel
Ingredientes para
6 personas:
Bananas maduras-2
Ciruelas ( o higos) 150 gr.
Harina 250 gr. + 1 sobre de levadura
Azúcar de caña -75 gr.
Miel de flores-2 cucharadas
Mantequilla -120 gr
Huevos 2
Jugo de un limón
Extracto de vainilla- 1 cucharilla
Para la decoración:
100 gr. de queso de untar tipo philadelphia/ 3 cucharadas de miel
150 gr deciruelas /50gr. de arándanos (o uva negra)
Lo primero que
hacemos es aplastar con un tenedor los dos plátanos bien maduros y añadimos al puré obtenido
el jugo del limón y el aroma de vainilla. En un bol unimos la mantequilla
reblandecida con el azúcar y la miel. Batimos bien hasta obtener una crema.
Añadimos los huevos uno a uno mezclando con las varillas, la harina tamizada
con la levadura y el puré de banana. Cortamos las ciruelas en trocitos una vez peladas. Las enharinamos ligeramente para que no se vayan al fondo del recipiente. Las
unimos a la masa anterior delicadamente.
Vertemos la
mezcla en un molde de plumcake engrasado y enharinado. Cocemos a 180°C en el horno precalentado durante unos 40 minutos
con las dos resistencias. Queda bien doradito y alto.
Aconsejo hacerlo el día anterior
y poco antes de servir se prepara el frosting
o crema de cobertura. Para ello batimos el queso cremoso con la miel y con este frosting cubrimos
la superficie superior del bizcocho ya frío.
Después decoramos al gusto con
trozos de ciruelas (o higos) y un buen puñado de arándanos frescos (o uva negra si no tienes) que le dan un toque
crujiente muy agradable y el color de las nubes azul oscuro de la tormenta.
Y con esta receta os deseo un plácido mes de septiembre
Dejar atrás la ciudad de Venecia desvelada a los miles de turistas diarios. Embarcar para los huertos flotantes de la laguna. Entre ellos, la isla de San Erasmo de unos 4 km cuadrados, la más extensa de las que pueblan la laguna norte, que muy pocos visitantes conocen. Aunque para verla solo sea suficiente asomarse a la ventanilla del avión cuando comienza a alzar el vuelo en dirección Madrid. Abajo se divisa un tablero de huertos y pequeñas granjas que se van haciendo cada vez más pequeños. Me hacía ilusión especialmente ver por fin los alcachofales florecidos de fin de junio. Inicio del verano.
Allí, bajando del vaporetto en el embarcadero de Capannone, a pocos minutos se encuentra el único hotelito, encantadora construcción de estilo rural sumergido en el verdor de la vegetación.
La quietud de la naturaleza, el grito de un pájaro, el canto de un gallo,
y la gallina clueca con su hilera de polluelos atraviesa los campos de vides e higueras toda premurosa...
y detrás, las flores moradas de las alcachofas abiertas al cielo, preciados frutos de esta tierra dulce salada.
Ya van quedando
poquísimos agricultores que pacientemente cultivan y cuidan los fértiles
terrenos cuyas cosechas de frutas y
verduras, totalmente orgánicas, se
destinan a los cerca de 700 habitantes de la isla y a los mejores restaurantes
de Venecia a través de los canales y las correspondientes barcazas.
Después de una
sonora tempestad de la noche anterior el sol cae a plomo y nos quema la piel,
sobre todo la mía que es tan blanca como la merluza. No pude resistir zamparme una
de las inmensas brevas que colgaban de las higueras abarrotadas y que se caían al
suelo de maduras.
Aprovechamos para ir a la pequeña playa que está a cinco
minutos y luego sacar algunas fotos. El hermoso crespúsculo se oculta bajo un
enjambre de mosquitos. Mi dulce mitad y yo regresamos al refugio porque él es
como un imán para los rabiosos insectos :-) ...
A la mañana
siguiente una cálida brisa aparece bajo el cielo jaspeado preanunciando
tormenta que ya se descarga en lontananza. Tomamos el vaporetto de vuelta cuando
caen las primeras lluvias refrescantes y mansas. Nos sentamos en la popa del
barco, semidescubierta sintiendo la agradable salinidad yodada del aire
que revolotea espumas tras nosotros. En la barca apenas van unas pocas
personas, entre ellas una chica de Buenos Aires que conocimos en San Erasmo y
que está recorriendo Europa. Nos alejamos hacia otras islas intermedias que
dejamos atrás. Venecia nos espera.
Después de haber
vivido en San Erasmo por dos días y admirado los alcachofales y la
belleza de la isla, al llegar a casa no he podido evitar hacer esta receta cuyo
protagonista es dicha hortaliza. Confieso que como no tenía alcachofas frescas
en casa ni ganas de hacer compra y limpiarlas me decliné por un tarro de trozos
de alcachofas en aceite que estaba en la despensa y resultó una quiche facilita
de preparar y muy gustosa igualmente.
Quiche rústico de alcachofas
Para 4-6 personas
Ingredientes:
1 lámina de masa
de hojaldre
1 tarro de
alcachofas en aceite (bien escurridas) 150-200 gr.
50 gr. de panceta
ahumada en daditos
1 patata media
hervida y cortada fina
100 gr. de queso
fresco de untar (tipo robiola)
50 gr. de queso
brie (u otro que tengas cremoso)
100 gr. queso
feta
1 huevo batido
con 50 ml. de leche
condimento:
pimienta, albahaca picada o perejil, un poco de cúrcuma
Hervimos o
cocemos al vapor la patata cortada fina. Mientras colocamos la lámina de
hojaldre con el papel sulfurado en una bandeja de horno. Pinchamos con un
tenedor.
Escurrimos las
patatas cocidas . En una sartén doramos un poco los daditos de panceta y le
añadimos las alcachofas en trocitos bien escurridas de su aceite. Damos unas
vueltas a fuego suave y por último agregamos las patatas. Mezclamos bien y
condimentamos. Apagamos el fuego y reservamos.
Mientras, encendemos el horno a 200°C. Mezclamos en un bol los quesos y el contenido de
la sartén. Vertemos la mezcla sobre la masa de hojaldre y aplanamos. Por encima
echamos el huevo batido con la leche y un poco de pimienta. Para terminar,
hundimos en la superficie del quiche trocitos de queso feta.
Cocemos al horno
a 200 °C durante unos 25 o 30 minutos o cuando se ve dorada la torta
Buen apetito!!!
Esta torta pienso que sería del agrado del músico veneciano por excelencia, el genial Antonio Vivaldi.
Me lo imagino paseando entre los frutales de San Erasmo escuchar el susurro de
las hojas y lleno de inspiración componer su célebre Estate de Las Cuatro
Estaciones.
De aquellos azahares
desatados
por la luz de la luna,
de aquel
olor de amor
exasperado,
hundido en la fragancia
salió
del limonero el amarillo,
desde su planetario
bajaron a la tierra los limones.
Pablo Neruda
Aunque falta casi un mes para que entre oficialmente el verano se puede decir
que tenemos unos días completamente estivos y también cargados de humedad, a veces parece como si fuera a estallar una tormenta en cualquier momento... Esta mañana temprano mientras ponía alimentos a refrescar en la nevera me llegaba del jardín el perfume intenso del jazminero en flor que lo envuelve todo, el olor de la hierbabuena, y también de la fresca hierbaluisa recién plantada ... ... y como un rayo de luz las Odas de Neruda vuelan del papel a mi mente...
limones, peladillos y berenjenas
compiten en color
Adoro los
limones. En mi cocina nunca faltan. Me encanta su color y su jugo que diluyo en
agua y bebo cada mañana apenas me levanto. Mirándolos en la cesta como soles matutinos me entraron ganas de preparar una receta conocida que tenía guardada desde hace tiempo y aún
no experimentada por mí: galletas de limón. Para ser la primera vez y dado que no soy una experta galletera confieso que han resultado muy fáciles de preparar pero sobre todo espléndidas.
Son unas galletitas llenas de fresca fragancia y friables, ideales para un
desayuno dominguero y con delicioso sabor a limón .
Si amas como yo la frescura del gusto del limón ¿te animas a hacerlas?
Galletas de limón
Ingredientes (salen unas 25 unidades)
Azúcar 120 gr.
Aceite de cacahuetes ( o de otra semilla) 70 ml ( si prefieres mantequilla 100
gr.)
Huevo 1
Limón 1 (grande) jugo y piel
Harina para dulces con levadura incorporada 275 gr.( en su defecto incorporar a la harina 1 cucharadita de levadura)
Azúcar y azúcar
glas para cubrir las galletas antes de hornear
bolitas antes de hornear envueltas
en un velo de azùcar
Y ahora manos a la obra. Batimos en un cuenco el
azúcar con el aceite formando una crema, yo uso el de cacahuetes que no da
sabor y va muy bien (pero se puede usar otro aceite o, si prefieres, mantequilla). Luego agregamos el huevo mezclando bien todo. Por fin añadimos la
ralladura de la piel y el jugo del limón entero. Para terminar echamos la harina poco
a poco con la levadura y mezclamos el conjunto con la mano para amalgamarlo
bien. Nos queda una masa blanda y pegajosa. La dejamos reposar una hora en el
frigorífico. Pasado este tiempo notamos que el amasijo ha endurecido por lo que
vamos cogiendo un poco de masa con una cuchara y formamos con las manos enharinadas unas
bolas del tamaño de una nuez. Las pasamos primero por azúcar que tenemos en un
platillo y luego por azúcar glas en otro platillo. Las vamos colocando
sobre la placa de horno cubierta con papel sulfurado en hileras separadas.
galletas recién horneadas
Las cocemos en horno caliente a 180 °C a media altura solo 10 o 12 minutos aproximadamente.
Se nota que están listas porque aumentan
de volumen y la superficie se quiebra pero no oscurece apenas. Se pueden preparar la tarde anterior ya que hechas así conservan su característica friabilidad, su corazón tierno :-)
Dejamos enfriar y servimos un agradable desayuno en la terraza, jardín o simplemente en la cocina junto a zumo, té, leche o cappuccino...yo las prefiero con un fresco té a la hierbabuena!
mi pequeño jardín silvestre... necesita un poco de orden
ñam ñam
Unos dulcecitos no dan la felicidad pero al menos huelen a ella... como el mes de junio que se acerca ...